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Claves del método noruego para 2026: menos épica y más control

Kristian Blummenfelt y Gustav Iden afrontan la temporada 2026 con ajustes claros en su forma de entrenar, planificar y gestionar el año completo.

El llamado “método noruego” no se reinventa, pero sí se afina: menos épica, más control y una mirada mucho más larga.


Durante años, el método noruego se ha asociado a una idea casi mítica de control absoluto, datos constantes y planificación milimétrica.

Sin embargo, el propio bloque noruego reconoce que en 2025 se permitió experimentar más con las sensaciones, alejándose en algunos momentos de la “dictadura del dato”. Para 2026, el rumbo vuelve a girar.

No como una marcha atrás, sino como una corrección. Porque si algo define realmente a Blummenfelt e Iden es que su sistema no es rígido. Es vivo, adaptable y, sobre todo, autocrítico.

Volver al dato como referencia, no como obsesión

Uno de los cambios más claros para 2026 es el regreso al laboratorio. Gustav Iden reconoce abiertamente que en buena parte de 2025 casi no utilizó la banda de frecuencia cardíaca, guiándose más por potencia y sensaciones.

Para el nuevo año, eso cambia. “Voy a implementar un poco más de analítica… volver al laboratorio y hacer la misma ronda de pruebas que antes porque nos da mucho conocimiento”, explica.

El mensaje es claro: los datos no sustituyen a las sensaciones, pero sirven como contraste. Saber exactamente dónde estás permite ajustar mejor los bloques de carga y evitar entrenar a ciegas durante meses.

Además, ambos reconocen que el último año también sirvió para asumir más responsabilidad directa sobre su propio sistema de trabajo. Lejos de depender de una estructura cerrada, el equipo noruego avanza hacia una mayor autogestión, algo que en 2026 buscan consolidar con más seguridad y menos dudas.

El entrenamiento como eje real del día

Más allá de números y tests, el método noruego sigue girando alrededor de una idea simple, pero exigente: el entrenamiento debe ser el centro de la jornada.

No se trata de entrenar más horas, sino de organizar la vida para que la sesión clave del día tenga prioridad real. Descanso, comidas, horarios y energía mental se ajustan alrededor de ese momento.

Es una filosofía que muchos triatletas populares reconocen como difícil de sostener durante todo el año, y precisamente ahí está uno de los grandes aprendizajes que buscan para 2026.

Una temporada dividida en bloques, no una carrera continua

A diferencia de otros años, el calendario de 2026 está claramente compartimentado. IRONMAN Nueva Zelanda y IRONMAN Texas forman un primer bloque orientado a sumar puntos importantes en la IRONMAN Pro Series.

Después de eso, la idea es “desaparecer” del radar competitivo durante un tiempo. Menos carreras, más entrenamiento y foco total en el gran objetivo del año: el doblete Niza–Kona, con el Mundial IRONMAN 70.3 primero y el Mundial IRONMAN después.

Esta forma de planificar evita uno de los errores más comunes en el alto nivel: competir demasiado pronto y pagar el precio en la parte decisiva de la temporada.

La resaca mental tras Niza y la búsqueda de continuidad

Uno de los momentos más honestos del análisis llega cuando Iden habla de lo ocurrido tras su segundo puesto en el Mundial IRONMAN de Niza. Después de cumplir el gran objetivo, llegó el vacío.

Los hábitos empezaron a fallar: horarios, descanso, alimentación. No por falta de profesionalidad, sino por desgaste mental tras muchos meses con un único foco en la cabeza.

Para 2026, el objetivo no es alcanzar picos de motivación máxima, sino sostener una disciplina constante durante todo el año. “Quiero hacer esto al 100% durante todo el año, esa es mi ambición número uno”, resume.

Detalles técnicos que explican la mentalidad

El método noruego también se entiende a través de pequeños detalles. Iden sigue apostando por el uso de zapatillas de clavos en pista, convencido de que ese trabajo mantiene la economía de carrera y la velocidad de piernas, algo que se pierde fácilmente cuando se entrena casi todo en asfalto y ritmos controlados.

En la bicicleta, Blummenfelt piensa ya en Kona. En un circuito poco técnico, con largas rectas, priorizará una posición más cómoda que le permita sostener la potencia durante horas, aunque eso implique sacrificar algo de manejo.

Incluso detalles como la dificultad de contar vueltas bajo fatiga o tener que ajustar la bici a última hora forman parte de esa realidad cotidiana del alto nivel que rara vez aparece en las crónicas.

Aprender de lo que no funcionó en 2025

Lejos de esconder errores, el bloque noruego los pone sobre la mesa. Blummenfelt reconoce que en Niza trabajó demasiado con repeticiones cortas y explosivas, lo que le dio buenas sensaciones de ritmo, pero le faltó resistencia específica en los momentos finales.

También admiten una mala gestión tras cumplir objetivos importantes y una aclimatación al calor insuficiente en algunas carreras. Y, sobre todo, un exceso de confianza en las sensaciones al alejarse demasiado de los controles de laboratorio.

Nada de eso se presenta como excusa, sino como aprendizaje.

Menos épica y más control

El método noruego para 2026 no promete revoluciones. Promete algo más difícil: constancia, control y capacidad de ajuste.

No es una fórmula mágica ni un manual cerrado. Es un sistema que cambia, se equivoca y se corrige. Y en esa evolución constante está, precisamente, su mayor fortaleza.

Para Kristian Blummenfelt y Gustav Iden, el mensaje es claro: ganar sigue siendo el objetivo, pero llegar en disposición de pelearlo todo exige algo más que talento. Exige cabeza.

Redaccion

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