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Nutrición deportiva en deportes de resistencia

Entrenar el estómago: cómo se hace, cuánto se sube y qué pasa cuando sale mal

Por Manu Caneda, dietista (Técnico Superior en Dietética) y exremero profesional, con más de cinco años en la élite del remo nacional en trainera.

Entrenar el estómago es exponerlo de forma repetida y ordenada a los hidratos que vas a tomar compitiendo, hasta que absorberlos deje de ser un problema. No es acostumbrarse a ir lleno. Es conseguir que el intestino absorba más de lo que absorbe hoy.

Para qué sirve en triatlón: para llegar a T2 con energía y poder correr. En media y larga distancia el límite de mucha gente no está en las piernas, está en cuántos gramos por hora es capaz de meter sin devolverlos.

Pasar de cuarenta y cinco a setenta y cinco gramos por hora es una hora larga más de combustible en un 70.3, y eso se nota en el maratón de un Ironman antes que en ningún otro sitio.

Se trabaja en las salidas largas de bici, en los bricks y en las tiradas largas, nunca en series. Lleva de seis a diez semanas, se sube de cinco en cinco o de diez en diez gramos según el perfil, y no se estrena nada el día de la carrera.

En casi todos los planes de entrenamiento aparece la frase. El estómago se entrena. Y ahí se queda, sin una sola instrucción detrás, como si fuera evidente.

No lo es. Lo que un triatleta necesita saber es en qué sesión concreta se trabaja, cuántos gramos se sube cada vez, cuándo tiene permiso para subir otra vez y qué hace el día que se le revuelve todo a mitad de una tirada. Eso es lo que voy a contar.

Aviso desde el principio de que aquí no vas a encontrar una cifra universal. Si alguien te dice que en media distancia hay que meter 75 gramos por hora, desconfía: no sabe cuánto toleras tú.

La tolerancia digestiva es probablemente la variable más individual de toda la nutrición deportiva, y me he encontrado en consulta dos triatletas del mismo peso, la misma edad y el mismo tiempo objetivo separados por cuarenta gramos por hora de capacidad real. Uno iba sobrado con 90. El otro vomitaba con 50.

Primero mide, luego progresa

Nadie puede planificar una subida sin saber de dónde parte.

Coge dos sesiones largas, al ritmo de tu distancia objetivo, con lo que tomas habitualmente. Apunta tres cosas: gramos totales por hora, en qué formato entraron (gel, bebida, sólido) y cualquier síntoma con el minuto exacto en que apareció. Ese minuto importa más de lo que parece, porque un problema que aparece siempre en la hora tres huele a acumulación y uno que aparece a los veinte minutos huele al desayuno.

El número que salga es tu suelo. No tu techo, y no tiene por qué parecerse al de tu compañero de entrenamiento.

La bici y la carrera a pie no son el mismo estómago

Esta parte un maratoniano se la puede saltar. Un triatleta no, y es exactamente donde se estrella la gente que copia protocolos de running.

Pedaleando vas sentado, con el tronco quieto y sin impacto: el estómago no bota, y puedes manejar sólidos y volúmenes de líquido que a pie serían impensables. Corriendo tienes el traqueteo de cada zancada, más masa muscular reclamando sangre y una postura que te comprime el abdomen.

Los estudios de campo en pruebas largas llevan años apuntando en la misma dirección: donde se disparan los síntomas es en el segmento de carrera.

De ahí sale la regla que más carreras cambia de todo lo que digo en consulta:

Come en la bici lo que vas a necesitar para correr. Lo que ingieres pedaleando es lo que te sostiene treinta o cuarenta minutos más tarde. Si esperas a tener hambre corriendo, llegas tarde.

Llevado al plan, el grueso de la carga se ensaya en bici. Corriendo se ensaya la tolerancia mínima viable, no la máxima. En un 70.3, alrededor del setenta por ciento de todo lo que vas a comer debería haber entrado antes de bajarte de la bici.

Y ojo con una trampa poco intuitiva. Si toda tu progresión la haces en el rodillo y nunca en un brick, el día de la prueba vas a descubrir que la cifra que tolerabas pedaleando no sobrevive a la T2.

Cómo se adapta la progresión a cada tipo de deportista

Aquí es donde la mayoría de los protocolos genéricos se caen, porque tratan igual a alguien que nunca ha tenido un problema y a alguien que lleva dos años con miedo a comer en carrera.

El perfil cambia tres cosas: cuánto subes cada vez, cuántas sesiones limpias necesitas antes de volver a subir y qué techo es razonable esperar.

Perfil Escalón Sesiones limpias antes de subir Dónde está el trabajo
Sin problemas digestivos 10 g 2 Progresión estándar, la mitad en bici
Vengo de nadar y de la bici, corro poco 10 g 2 Casi todo en brick; la T2 es tu punto débil
Corredor reconvertido 10 g 2 Subir en bici y aprender a comer sólido
Ya reventé en competición 5 g 3 Recuperar confianza antes que gramos
Antecedentes digestivos 5 g 3 Techo más bajo y descartar patología de base

Dos matices. El corredor reconvertido es el perfil que más me llega: aguanta a pie mejor de lo que él mismo cree y va crónicamente infraalimentado en bici, por pura costumbre de running. Tiene margen para subir más rápido de lo que se imagina, siempre que se acostumbre a masticar encima de la bicicleta.

Y el que ya tuvo un episodio malo casi siempre ha bajado la ingesta por miedo y arrastra un déficit que le está costando marcas sin saberlo. Con ese la prioridad no son los gramos, es volver a fiarse del estómago. Por eso van escalones de cinco y tres sesiones limpias: se avanza más despacio a propósito.

En qué sesiones se trabaja, y en cuáles no

Dos reglas antes de nada. El intestino se entrena en sesiones largas y a intensidad baja o media: en series no absorbes prácticamente nada, así que lo único que consigues es asociar comer con encontrarte mal. Y nada nuevo el día de la carrera, donde nada incluye la marca del gel.

Sesión ¿Se entrena el intestino? Qué se hace
Salida larga en bici Sí, es la principal Aquí se sube de escalón y se prueban formatos nuevos
Brick largo Sí, la más específica Ingesta completa de bici y luego a correr con lo mínimo viable
Tirada larga a pie Sí, con moderación Se valida el objetivo de carrera, no se buscan récords
Series y calidad No Solo líquido y sales
Natación No Nada, salvo pruebas de vaciado en sesiones muy largas
Rodajes cortos No No aportan nada al intestino

La progresión va en tres bloques. El primero consolida el escalón que ya toleras, pero con reloj: una toma cada veinte minutos, no cuando te acuerdas. El segundo sube de escalón en escalón, siempre estrenando en bici antes que corriendo y sin cambiar dos variables a la vez. El tercero deja de subir y se dedica solo a especificidad: productos exactos, ritmo exacto y dos bricks como mínimo con la secuencia entera.

Los incrementos pequeños y repetidos ganan siempre a los saltos grandes. Si un escalón te da síntomas no se abandona el plan: se vuelve al anterior y se repite hasta que resulte aburrido.

Hay un detalle técnico que aparece cuando se busca ingesta alta. Pasado cierto punto la glucosa sola satura su transportador, y es ahí donde entra combinar glucosa con fructosa para tirar de dos rutas de absorción en paralelo. Mucha gente estancada no tiene un problema de cantidad, sino de que toda su ingesta viene de la misma fuente.

Calcula tu propia progresión

Todo lo anterior se puede hacer con lápiz y papel, pero es tedioso. He montado una calculadora que hace las cuentas: metes tu tolerancia medida, la distancia, el perfil y las semanas que te quedan, y te devuelve la escalera completa con tus objetivos en bici y corriendo.

Lo más útil no es el número final, es que te dice si llegas a tiempo: si el plazo no da, propone un objetivo más bajo en lugar de empujarte a acelerar, que es exactamente el error que arruina temporadas.

Por qué funciona: el intestino cambia

Hasta aquí el método. El porqué explica por qué la constancia importa más que la ambición.

Los hidratos que tomas pedaleando no atraviesan la pared intestinal por arte de magia. Los cruzan transportadores concretos: la glucosa y la maltodextrina van por SGLT1, la fructosa por GLUT5. Y la cantidad de esos transportadores no viene fijada de fábrica: aumenta con la exposición repetida.

Ahí está todo el mecanismo. Jeukendrup lo recogió en Sports Medicine bajo el título «Training the Gut for Athletes»: alguien que hoy se marea con 30 gramos por hora puede acabar tolerando el doble o el triple en unas semanas si expone al intestino de forma sistemática. No hablamos de acostumbrarse mentalmente a la sensación, hablamos de tejido que se adapta.

Conviene saber contra qué juegas. Cuando aprietas, el riego sanguíneo de la zona digestiva cae en picado para mandar sangre al músculo y a la piel. Costa y su equipo lo revisaron en Alimentary Pharmacology & Therapeutics y describieron dos mecanismos que se alimentan el uno al otro: uno isquémico, con daño de la barrera intestinal, y otro neuroendocrino, con menos motilidad y peor absorción. El calor lo empeora todo.

Entrenar el intestino no cancela esa fisiología. Lo que hace es ensancharte el margen con el que la afrontas.

Cuando aparecen molestias

Un síntoma es información, no un fracaso. Lo primero es identificar qué está pasando, porque cada cosa se corrige por un sitio distinto.

Qué notas Causa más probable Primer cambio
Náusea, estómago lleno Vaciado lento: grasa o proteína previas, poco margen Adelantar la comida previa y quitarle la grasa
Diarrea acuosa a media prueba Concentración excesiva: gel e isotónica juntos Diluir y separar; el gel siempre con agua
Retortijones y urgencia Residuo intestinal Bajar fibra las 24-48 h previas
Flato o punzada en el costado Mucho líquido de golpe Sorbos frecuentes, no medio bidón
Reflujo o ardor Presión abdominal y comida ácida o grasa Fuera café, cítricos y tomate del precompetición
Hinchazón desde el primer minuto Puede no ser el deporte Comprobar si también pasa fuera de entrenar

Dos avisos que dan bastantes disgustos. El antiinflamatorio preventivo antes de una prueba larga sigue circulando y es una idea pésima: reduce todavía más el flujo a la mucosa y aumenta la permeabilidad intestinal, justo lo contrario de lo que te interesa.

Y la deshidratación empeora todos los síntomas a la vez, porque menos volumen plasmático significa menos riego intestinal; en pruebas de verano, buena parte de lo que la gente vive como estómago delicado es calor y falta de agua.

Si los síntomas te acompañan también en reposo, o aparece sangre, pérdida de peso involuntaria o dolor persistente, esto se sale de la estrategia nutricional. Eso es consulta médica y no admite discusión.

El ensayo general

Nada de lo anterior sirve si el plan se estrena el día de la prueba. El ensayo tiene que parecerse a la competición en cinco cosas, y la gente suele acordarse solo de la primera: los productos exactos que habrá en carrera, marca incluida. Si vas a coger avituallamiento, entrena con lo que van a darte allí.

Las otras cuatro. El ritmo real, porque absorber a ritmo de rodaje suave no predice nada de lo que pasará compitiendo.

El horario: si sales a las ocho, el ensayo se hace a las ocho, con ese desayuno y ese margen. El calor, en la medida de lo posible, que una estrategia validada en marzo a quince grados se te puede caer en agosto. Y la secuencia completa, porque en media y larga distancia el ensayo que vale es el brick largo, no la tirada suelta.

Con el desayuno de competición merece la pena ponerse pesado y repetirlo cuatro o cinco veces en entrenos previos. Buena parte de los desastres digestivos del día de la carrera no son fisiología, son nervios cayendo sobre un desayuno que el organismo no había visto nunca.

Marca dos ensayos generales en el calendario: uno a cuatro semanas de la prueba, con margen para corregir, y otro a dos. A partir de ahí no se toca nada.

Lo que me llevaría de todo esto

En el remo nadie nos habló nunca de tolerancia. Se daba por hecho que había gente con buen estómago y gente sin él, y al que se encontraba mal en la segunda parte de una regata se le decía que era cuestión de aguantar. Aprendimos lo que aprendimos reventando, que es la forma más cara de aprender algo.

Va de otra cosa. El estómago es un órgano entrenable, y la mayoría de los triatletas que llegan a mi consulta convencidos de tener mala suerte digestiva lo que tienen es un intestino sin entrenar y una estrategia estrenada el día menos indicado.

Mide dónde estás. Sube de uno en uno. Hazlo en bici antes que a pie. Ensáyalo entero dos veces. Eso sostiene un maratón después de ciento ochenta kilómetros; una cifra copiada de un foro, no.

Sobre el alcance de estas cifras. Los techos de ingesta por distancia salen de los rangos de consenso de la literatura citada. El resto —los escalones por perfil, el número de sesiones limpias antes de subir y el reparto entre bici y carrera— es un marco de trabajo que uso en consulta, no una ecuación de laboratorio. Lo separo a propósito para que quede claro qué parte está respaldada y cuál es criterio mío.

Referencias

  • Jeukendrup AE. Training the Gut for Athletes. Sports Medicine, 2017;47(Supl. 1):101-110.
  • Costa RJS, Snipe RMJ, Kitic CM, Gibson PR. Systematic review: exercise-induced gastrointestinal syndrome. Alimentary Pharmacology & Therapeutics, 2017;46(3):246-265.
  • de Oliveira EP, Burini RC, Jeukendrup AE. Gastrointestinal complaints during exercise: prevalence, etiology and nutritional recommendations. Sports Medicine, 2014;44(Supl. 1):S79-S85.

Sobre Manu Caneda

Manu Caneda es dietista (Técnico Superior en Dietética) y exremero profesional, con más de cinco años en la élite del remo nacional en trainera. Pasa consulta online desde Galicia, especializado en deportes de resistencia.

Este contenido ha sido elaborado con apoyo de herramientas de IA y revisado por el equipo editorial de Triatlón Noticias.

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