
@greenedgecycling/ Simon Yates tras ganar el Giro de Italia
La retirada inmediata de Simon Yates tras ganar el Giro de Italia ha reabierto el debate sobre la gestión del alto rendimiento, la planificación deportiva y el impacto de las decisiones individuales dentro de proyectos profesionales.
La retirada inmediata de Simon Yates tras ganar el último Giro de Italia ha provocado una reacción poco habitual en pleno invierno deportivo. No tanto por la decisión en sí, sino por el momento elegido.
Las críticas de Bjarne Riis, exmánager y una de las voces con más peso histórico en el ciclismo profesional, han puesto sobre la mesa un debate que va más allá de un nombre propio: la tensión entre la decisión individual del deportista y la planificación de un proyecto de alto rendimiento.
Yates anunció su retirada el pasado 7 de enero, apenas unas semanas antes del inicio de la temporada 2026.
Una decisión que, según Riis, llega cuando equipos y corredores ya están inmersos en la preparación de la temporada, con calendarios, roles y estructuras cerradas.
“Uno no puede evitar preguntarse: ¿por qué se retira justo ahora?”, señalaba Riis en el diario danés BT, cuestionando el impacto que la decisión tiene sobre el conjunto de Visma | Lease a Bike.
El exmánager danés no critica el derecho de Yates a retirarse, sino el momento elegido.
En sus declaraciones, Riis apunta a que el británico ha ocupado durante meses una plaza clave dentro del equipo, una ficha que, de haberse liberado antes, podría haberse destinado a otro corredor en un contexto de mercado ya muy avanzado.
La crítica adquiere más peso si se tiene en cuenta que Visma llega a 2026 con un bloque muy definido en torno a nombres como Jonas Vingegaard, Wout van Aert o Matteo Jorgenson, y con una estructura más ajustada en número de líderes.
En ese escenario, la baja de un corredor del perfil de Yates no es fácil de compensar a corto plazo.
Riis va más allá y plantea incluso la hipótesis de una mala gestión interna si la retirada no fue una decisión exclusivamente personal del corredor.
“Sería error de Visma, que ya tiene bastantes frentes abiertos”, afirma, señalando que la salida deja al equipo “más débil en todos los frentes”.
Para Riis, la retirada de Yates no es solo una cuestión simbólica. La considera una pérdida directa para el líder del equipo, Jonas Vingegaard, al quedarse sin un corredor que, según sus palabras, podía haber sido perfectamente top-5 en el Tour de Francia y un apoyo clave en la gran vuelta francesa.
Más allá del caso concreto, el episodio pone de relieve un dilema recurrente en el deporte profesional: hasta qué punto un proyecto puede —o debe— depender de la continuidad de un atleta, y qué margen real existe para decisiones personales cuando el calendario, los contratos y las expectativas ya están en marcha.
Aunque el foco está en el ciclismo, el debate es fácilmente trasladable a otros deportes de resistencia de alto nivel.
La gestión de carreras largas, la planificación a varios años vista y la dependencia de figuras clave son realidades comunes en estructuras profesionales donde el equilibrio entre rendimiento, sostenibilidad y personas no siempre es sencillo.
La retirada de Yates, y la dureza de las palabras de Riis, dejan una pregunta abierta que no tiene una única respuesta: ¿cuándo es el momento “correcto” para parar en el deporte profesional?
Y, sobre todo, ¿quién asume las consecuencias de esa decisión cuando llega fuera de tiempo?